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El jardín de los Finzi Contini muestra la espiral descendente de una familia de clase media-alta en pleno fascismo italiano.

El jardín de los Finzi-Contini (Il giardino dei Finzi-Contini) es una película italiana del año 1970 basada en la novela homónima de Giorgio Bassani,

La película, que fue dirigida por Vittorio de Sica y contó con la actuación de Lino Capolicchio,​ Dominique Sanda y Helmut Berger, fue premiada con el Oso de Oro en el Festival de Berlín de 1971, el Premio David de Donatello a la mejor película el mismo año y el Óscar a la mejor película de habla no inglesa en 1972, habiendo sido también candidata al Óscar al mejor guion adaptado.

La película sigue con bastante fidelidad la trama de los capítulos centrales de la novela original, prescindiendo en buena medida de la primera parte, centrada en la infancia de los protagonistas, y por completo del prólogo y el epílogo, que se desarrollan catorce años después de los hechos principales. El guion fílmico se centra en los años de la Segunda Guerra Mundial, aprovechando la anécdota argumental de un amor juvenil frustrado para señalar el clima de pasividad y sumisión con que las familias judías acomodadas de Italia afrontaron el fascismo y la creciente persecución racial, en la medida en que, ligadas a los valores liberal-conservadores de la era prefascista y conscientes de sus privilegios de clase, sencillamente no podían creer que fueran a ser perseguidas en su propio país por la sola razón de un credo o un origen racial diferentes.

El jardín de los Finzi-Contini fue la primera aparición estelar de Dominique Sanda en Italia y uno de los primeros papeles de Helmut Berger en un largometraje, después de su debut con Visconti en La caída de los dioses. Ambos actores hubieron de ser doblados al italiano por actores de esta nacionalidad.

Trama.

La familia Finzi-Contini, intelectual y refinada, es también una de las más ricas y aristocráticas de la comunidad judía de Ferrara. Vive retraída en una lujosa mansión rodeada por un inmenso jardín. A partir de 1938, cuando en aplicación de las leyes raciales fascistas se prohíbe el acceso de los "no-arios" a los clubes deportivos de la ciudad, Alberto y Micòl, los hijos veinteañeros de la familia, invitan a jugar al tenis en su casa a otros jóvenes judíos menos adinerados. Entre ellos se encuentra Giorgio, que fue amigo de infancia de Micòl y que se enamora perdidamente de ella, que a su vez parece dispuesta a que entablen una relación. Sin embargo, Giorgio deja pasar la ocasión de declararse y Micòl marcha bruscamente a Venecia para finalizar su tesina de licenciatura. A su retorno, cuando Giorgio confiesa por fin su amor, Micòl lo rechaza, sin revelarle el verdadero motivo: que entretanto ha comenzado una relación con Giampiero Malnate, un joven comunista, amigo de su hermano Alberto y también de Giorgio (en la novela esta relación está solo sugerida, o más bien sospechada por el protagonista). Cuando descubre la verdad, Giorgio se siente doblemente traicionado: en su amistad y en su amor.

Todo este episodio triangular relativamente corriente se ve envuelto en las dramáticas vicisitudes históricas. La persecución racial se hará más y más opresiva según avanza la Segunda Guerra Mundial. Todos los jóvenes judíos que frecuentaban el jardín de los Finzi-Contini serán arrestados en 1943, salvo Giampiero Malnate, muerto en la campaña de Rusia, y el propio Alberto Finzi-Contini, muerto de enfermedad y sepultado en el ostentoso panteón familiar. El epílogo trágico de la deportación de Micòl y de toda la familia Finzi-Contini acaba por derribar sus ilusiones de aislamiento y por nivelar sus diferencias de clase con el resto de la comunidad judía de la ciudad, al someterlos a todos al destino común de la muerte en un campo de concentración en Alemania. Cuando los judíos son conducidos a una escuela próxima al Castillo de los Este como etapa previa a la deportación, Micòl y su abuela, separadas del resto de la familia, se encuentran con el padre de Giorgio, que las toma a su cuidado y les comunica su esperanza de que su hijo y el resto de su familia hayan podido huir al extranjero. La pantalla muestra entonces imágenes retrospectivas de los días felices de los partidos de tenis y la pista ahora vacía, acompañadas en la banda sonora de las notas de «El Malei Rachamim», el lamento fúnebre judío.

Intérpretes y personajes.

Lino Capolicchio:[1]​ Giorgio
Dominique Sanda: Micòl
Helmut Berger: Alberto
Fabio Testi: Giampiero Malnate
Romolo Valli: Padre de Giorgio
Barbara Leonard Pilavin: Madre de Giorgio
Camillo Cesarei: Prof. Ermanno Finzi-Contini, padre de Micòl
Inna Alexeievna: Abuela de Micòl
Katina Morisani: Olga Finzi-Contini, madre de Micòl
Ettore Geri: Perotti, mayordomo de los Finzi-Contini

Opinión.

Una obra que es una metáfora del fin de la infancia, la dulzura del recuerdo chocando con un presente doloroso, la espiral descendente de una familia de clase media-alta y una época, un "jardín perdido" que se revela como una simple campana de cristal. Pero, sobre todo, es testigo del declive de un gran autor, durante mucho tiempo un mero artesano que ha perdido su estilo característico: su adaptación de la novela de Giorgio Bassani (quien, insatisfecho con la dirección, y especialmente con la adición de las escenas finales que presentan la deportación, retiró su nombre como guionista) es vacía, hueca, embalsamada tanto en dirección como en interpretación, dedicada a la estética del enfoque suave (no solo por la fotografía en tonos pastel de Ennio De Guerrieri) y un tono insoportablemente patético, sentimental y melodramático.

Tiene el ritmo acelerado del cine de autor y la esencia de una novela por entregas, en la que el drama sentimental explota el trágico contexto histórico para dotarse de mayor intensidad. El paralelismo entre el amor imposible y la persecución de los judíos no funciona, el diseño de personajes no está claro, cualquier premisa alegórica y psicológica intrigante es meramente potencial: De Sica no posee la conmovedora elegancia de Visconti, ni siquiera se acerca a las cualidades de Vancini en La Lunga Notte de 1943 (otra traducción de Bassani), y su intento de rehacer la Cronaca Familiare de Zurlini (quien, de hecho, se suponía que la dirigiría) también fracasa estrepitosamente, una mezcla de melodrama, recuerdo y aflicción. Y, aun así, fue un éxito rotundo y ganó un Óscar.

La Armada Brancaleone es una de las películas más puramente cómicas de Mario Monicelli

La armada Brancaleone es una película italiana de 1966, dirigida por Mario Monicelli, protagonizada por Vittorio Gassman, Gian Maria Volonté, Enrico Maria Salerno, Catherine Spaak, Folco Lulli, Maria Grazia Buccella y Barbara Steele en los papeles principales.

Galardonada con tres premios Nastro d'argento 1967: a la mejor fotografía, al mejor vestuario y a la mejor música.

Tuvo una secuela llamada Brancaleone en las cruzadas (Brancaleone alle crociate, 1970), dirigida también por Mario Monicelli.

Trama

La película muestra a un joven aristócrata llamado Brancaleone (Vittorio Gassman) que, educado en el código ético de la caballería medieval, debe reclamar una presunta herencia que consiste en un feudo. Para ello Brancaleone recurre al apoyo de un puñado de bandoleros mal armados y muy miedosos, que sólo buscan huir de las penurias del bandidaje sin correr grandes riesgos, y a quienes el fantasioso protagonista denomina seriamente "mi ejército" (llamado armata en italiano). La ingenuidad y poca valentía de Brancaleone y su medroso "ejército" causan situaciones irónicas y jocosas mientras el grupo de aventureros pobremente equipados busca llevar a buen término su misión.

Es difícil, si no imposible, encasillar a un gran actor —uno verdaderamente grande— como Vittorio Gassman en una sola película. Es incluso un poco injusto, si se quiere, pero el público suele identificar a un actor con el papel que lo hizo más famoso, a pesar de haber interpretado docenas de papeles famosos (por nombrar solo algunos: La Gran Guerra y Sospechosos habituales, también de Monicelli; La vida fácil, de Dino Risi). Bueno, si realmente tuviéramos que jugar a este juego injusto y superfluo, cuando pensamos en Gassman, es casi natural asociarlo con el Ejército de Brancaleone, Brancaleone de Norcia, con su aspecto cómicamente arrogante, a lo James Bond: «Supongo que habrán oído el nombre de Groppone da Figulle. Groppone da Figulle fue el mayor capitán de Tuscia. Y yo soy quien lo partió en dos de un solo hachazo. Mi nombre —cuidado—, mi nombre es Brancaleone. De Norcia».

Intérpretes  y personajes.

Vittorio Gassman: Brancaleone de Nursia
Catherine Spaak: Matelda
Folco Lulli: Pecoro
Gian Maria Volonté: Teofilatto dei Leonzi
Maria Grazia Buccella: La viuda
Bárbara Steele: Teodora
Enrico María Salerno: Zenón
Carlo Pisacane: Zeffirino Abacuc
Ugo Fangareggi: Mangoldo
Luigi Sangiorgi: Taccone
Alfio Caltabiano: Arnolfo Mano de Hierro
Pippo Starnazza: Palomas
Fulvia Franco: Luisa
Tito García: Filuccio
Joaquín Díaz: Guccione
Luis Induni: Luigi di Sangi
Carlos Ronda: Enrico di Andrea
Juan C. Carlos: Aldo di Scaraffone
Philippa de la Barre de Nanteuil: Isadora

Opinión

.

Una de las películas más puramente cómicas de Monicelli: la parodia perfecta de una mezcla de géneros, la Edad Media y el mito de la caballería combinados con un sentido del humor deliberadamente popular. Aventuras improbables, antihéroes maltratados, un lenguaje absolutamente irresistible, inventado e híbrido. Y, sobre todo, Gassman es histriónico como nunca antes (quizás solo en Il Sorpasso, aunque el papel es completamente diferente), un líder de pandilla digno, inútil y entusiasta, tan ridículo como un firme defensor de un código de honor y valores continuamente ridiculizados, tan estridente e inconcluso como su "grito de guerra".

Todo esto demuestra la versatilidad del actor y su exitosa transición del villano ideal del cine italiano a un canalla creíble, típicamente italiano. Entre sus hazañas, el rescate de la joven casadera es memorable: tantas buenas intenciones para un desenlace que, como siempre, es desastroso. Una película italiana inusual porque rompe con la narrativa habitual de la vida cotidiana, pero muy lograda en sus personajes y en el collage homogéneo de gags hilarantes.

Ladrones de bicicletas la obra maestra de Vittoria de Sica

Ladri di biciclette (en Hispanoamérica, Ladrones de bicicletas; en España y Chile, Ladrón de bicicletas) es una película italiana dramática de 1948 dirigida por Vittorio de Sica. Se considera como una de las películas emblemáticas del neorrealismo italiano. En 1954, la revista Sight and Sound publicó su primera lista de las "diez mejores películas jamás hechas", Ladri di biciclette estaba en primer lugar en esa lista. En 1962 fue puesta en el séptimo en la misma lista. Ocupa uno de los primeros diez puestos en la lista de "Las 50 películas que deberías ver a los 14 años".

La película está basada en la novela homónima escrita por Luigi Bartolini en 1945 y adaptada a la gran pantalla por Cesare Zavattini. El relato narra un accidente de la vida cotidiana de un trabajador. Este accidente consiste en el robo de la bicicleta con la que va a trabajar. Este acto sería banal si no se tuviera en cuenta el contexto de la sociedad italiana de 1948 en que se sitúa la película. La elección de la bicicleta como objeto clave del drama es característico de las costumbres urbanas italianas, y a la vez, de una época en la que los medios de transporte mecánicos son todavía escasos y costosos.

Drama.


Roma, segunda posguerra: Antonio Ricci (Lamberto Maggiorani), un desempleado encuentra trabajo pegando carteles, lo cual es un gran logro en la situación de posguerra que vive el país, donde el trabajo escasea y obtenerlo es un éxito excepcional. Pero para trabajar debe poseer una bicicleta. Desafortunadamente, el primer día de trabajo le roban la bicicleta mientras pega un cartel cinematográfico. Antonio persigue al ladrón sin resultado alguno. Decide denunciar el robo ante la policía, pero se da cuenta de que las fuerzas del orden no pueden ayudarlo a encontrar su bicicleta. Desesperado, busca el apoyo de un compañero de partido, que a su vez moviliza a sus amigos basureros. Al alba, Antonio, junto a sus compañeros y a su hijo Bruno comienza su búsqueda, primero en la Piazza Vittorio y más tarde en Porta Portese, donde tradicionalmente van a parar los objetos robados. Pero no hay nada que hacer: la bicicleta seguramente ya esté desmontada y será imposible de encontrar. En Porta Portese, Antonio ve al ladrón de su bicicleta, mientras negocia con un viejo vagabundo. Lo persigue sin alcanzarlo, regresa a Porta Portese a encontrar al vagabundo, y lo sigue, hasta un comedor social. Allí le pregunta por su bicicleta y por la identidad del ladrón, pero no obtiene ningún resultado. Con desesperación, Antonio acude a una vidente, pero la respuesta de esta es casi una tomadura de pelo: “o la encuentras ahora o no la encontrarás jamás”. Inmediatamente, al salir de la casa de la vidente, se encuentra con el ladrón de la bicicleta que al final es defendido por todos sus colegas. Antonio habla con un policía para explicarle la situación. Entonces éste le contesta que sin testigos del robo no se puede hacer nada. Finalmente, mientras Antonio y Bruno esperan el tranvía para regresar a casa, el padre se percata de la existencia de una bicicleta que nadie parece custodiar. Intenta robarla pero la muchedumbre se lanza a atraparlo. Solo los llantos de Bruno consiguen frenarlos e impedir que su padre vaya a la cárcel. Antonio se encuentra ahora tan pobre como antes pero con la vergüenza de haberse colocado al nivel de quien le había robado. La película se cierra con la vuelta a casa de Antonio y Bruno mientras cae la noche sobre la ciudad de Roma.

Ladrones de Bicicletas es una obra maestra cinematográfica del neorrealismo italiano.

Ladrones de Bicicletas (o Ladrón de Bicicletas) según el país de Hispanoamérica en que ha sido exhibida, es una película italiana dramática de 1948 dirigida por Vittorio de Sica. Se considera como una de las películas emblemáticas del neorrealismo italiano. En 1954, la revista Sight and Sound publicó su primera lista de las "diez mejores películas jamás hechas", Ladri di biciclette estaba en primer lugar en esa lista.4​ En 1962 fue puesta en el séptimo en la misma lista. Ocupa uno de los primeros diez puestos en la lista de "Las 50 películas que deberías ver a los 14 años".

La película está basada en la novela homónima escrita por Luigi Bartolini en 1945 y adaptada a la gran pantalla por Cesare Zavattini.​ El relato narra un accidente de la vida cotidiana de un trabajador. Este accidente consiste en el robo de la bicicleta con la que va a trabajar. Este acto sería banal si no se tuviera en cuenta el contexto de la sociedad italiana de 1948 en que se sitúa la película. La elección de la bicicleta como objeto clave del drama es característico de las costumbres urbanas italianas, y a la vez, de una época en la que los medios de transporte mecánicos son todavía escasos y costosos. 


 

Trama.

Roma, segunda posguerra: Antonio Ricci (Lamberto Maggiorani), un desempleado encuentra trabajo pegando carteles, lo cual es un gran logro en la situación de posguerra que vive el país, donde el trabajo escasea y obtenerlo es un éxito excepcional. Pero para trabajar debe poseer una bicicleta. Desafortunadamente, el primer día de trabajo le roban la bicicleta mientras pega un cartel cinematográfico. 

Antonio persigue al ladrón sin resultado alguno. Decide denunciar el robo ante la policía, pero se da cuenta de que las fuerzas del orden no pueden ayudarlo a encontrar su bicicleta. Desesperado, busca el apoyo de un compañero de partido, que a su vez moviliza a sus amigos basureros. Al alba, Antonio, junto a sus compañeros y a su hijo Bruno comienza su búsqueda, primero en la Piazza Vittorio y más tarde en Porta Portese, donde tradicionalmente van a parar los objetos robados. Pero no hay nada que hacer: la bicicleta seguramente ya esté desmontada y será imposible de encontrar. 

En Porta Portese, Antonio ve al ladrón de su bicicleta, mientras negocia con un viejo vagabundo. Lo persigue sin alcanzarlo, regresa a Porta Portese a encontrar al vagabundo, y lo sigue, hasta un comedor social. Allí le pregunta por su bicicleta y por la identidad del ladrón, pero no obtiene ningún resultado. Exasperado, Antonio acude a una vidente, pero la respuesta de esta es casi una tomadura de pelo: “o la encuentras ahora o no la encontrarás jamás”. Inmediatamente, al salir de la casa de la vidente, se encuentra con el ladrón de la bicicleta que al final es defendido por todos sus colegas. Antonio habla con un carabinero para explicarle la situación. Entonces éste le contesta que sin testigos del robo no se puede hacer nada. 

Finalmente, mientras Antonio y Bruno esperan el autobús para regresar a casa, el padre se percata de la existencia de una bicicleta que nadie parece custodiar. Intenta robarla pero la muchedumbre se lanza a atraparlo. Solo los llantos de Bruno consiguen frenarlos e impedir que su padre vaya a la cárcel. Antonio se encuentra ahora tan pobre como antes pero con la vergüenza de haberse colocado al nivel de quien le había robado. La película se cierra con la vuelta a casa de Antonio y Bruno mientras cae la noche sobre la ciudad de Roma. 

Actores y personajes.

Lamberto Maggiorani: Antonio Ricci
Enzo Staiola: Bruno Ricci
Lianella Carell: Maria Ricci
Elena Altieri: patrona de caridad
Gino Saltamerenda: Baiocco
Giulio Chiari: atacante
Vittorio Antonucci: Alfredo Catelli

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